Ejercito feminista

Las reinas del 8 de marzo

Mientras rebuscaba iba pensando que las mujeres eran a la historia lo que los peones a una partida de ajedrez: sujetas a movimientos parcos, necesarias, pero a menudo sacrificadas en favor de una figura más relevante, y sin embargo peligrosas si sobrevivían.

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Fragmento de Ciclope Polifemo y Nadie escribiendo sobre feminismo

Cuando nadie escribe sobre feminismo

Únicamente aspiro a rellenar un poco ese huequecito inmenso que hay entre el discurso que generan las mujeres con potestad y con una conciencia bien entrenada para enfrentarse al escarnio público, y aquellas que aun sintiéndose feministas no saben si lo son o no saben del tema tanto como para atreverse a decir lo que piensan.

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Hombre y mujer en el desierto

El perdón de género

Cuando los hombres decimos determinado tipo de cosas, en realidad es nuestra masculinidad herida la que habla. Desde que las mujeres dieron un fuerte y sonoro puñetazo en la mesa para conseguir el voto y ciertas cotas de igualdad, los hombres estamos heridos en el centro mismo de nuestro orgullo preguntándonos ¿Cuál va a ser ahora mi papel en la sociedad?

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un hombre contempla la ciudad

El alma del hombre bajo el Feminismo

¿Qué podemos o debemos hacer los hombres para contribuir al feminismo?
Honestamente, no lo sé, pero quizá no sea un mal punto de partida: admitir que no sabemos cómo poner nuestro granito de arena, ni siquiera cuál debería ser este. Lo primero es dar un paso atrás, para poder empezar a dar pasos al lado, codo con codo con nuestras amigas y compañeras.

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Mujeres unidas

El pueblo de las mujeres

El feminismo se entendería mucho mejor si leyésemos a la mujer (a todas las mujeres del mundo) como un pueblo; es decir, no sólo como un grupo de individuos dentro de las diversas sociedades humanas, sino como a una civilización en si misma, con su identidad y acervo cultural propio, sus referentes y su lugar en el mundo y en las páginas de historia.

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Señal de peligro por curvas

Precaución, amiga conductora

Hoy creo que puedo decir que se me da bien conducir pero lo cierto es que, si pude aprender fue, en parte, porque soy hombre. Porque detrás de mí hay una cultura patriarcal que opina que conducir es “cosa de hombres” y que por tanto a mí necesariamente se me tenía que dar bien hacerlo. Y afirmo esto porque soy consciente de que muchas mujeres no han tenido mi misma suerte ni han disfrutado de mis mismas oportunidades por el único motivo de su género.

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Hombre y mujer en el desierto

¿Pedagogía o guerra sin cuartel?

Dicen que el feminismo ya no es necesario porque las mujeres ya pueden votar. Es muy fácil concebir el sufragio femenino como una reivindicación legitima en pleno siglo XXI, pero en su día era un planteamiento revolucionario y la sociedad la concebía más bien como un delirio de cuatro locas “radicales” que querían destruir la familia y subvertir el orden social. ¿Les suena la película?

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