chica jugando con un coche

La mutilación de género

Desde el mismo momento en que se tiene constancia que un ovulo ha sido fecundado, comienza para la embarazada un largo y tortuoso viacrucis de impertinencias e intromisiones en su vida privada desde todos los frentes: instituciones, el dueño del espermatozoide, familia, amigos, conocidos e incluso gente-que-pasaba-por-allí y que, por lo visto, también tienen derecho a opinar.

Una de las mayores presiones externas que sufren las mujeres (y de las más graves, debido a su trascendencia vital), es aquella que gira entorno a su decisión acerca de tenerlo o abortar. Y no se trata sólo de la iglesia y la derecha rancia metiendo sus narices y crucifijos en ovarios que no les corresponden, sino también de toda esa suerte de opinadores que creen que no debería tenerlo porque «aún es demasiado joven y tiene muchas cosas por experimentar antes de dar ese paso». O bien demasiado mayor. O demasiado inexperta (ellos nacieron sabiendo). O demasiado pobre. O demasiado… demasiado algo; así, en general.

Basta ya. Bastante tienen que soportar todas ellas con la presión social que las empuja y condena a la maternidad con todos esos clichés: «¿y cuando os animáis a ir a por el niño?», «se te va a pasar el arroz», «no, si tú haz lo que quieras, pero creo que te vas a arrepentir» como para tener que soportar otros nuevos de signo contrario. Dejen de proyectar sus propias expectativas, miedos y preferencias en vientres que no les pertenecen. Confíen en que ellas sabrán tomar la mejor decisión, dadas sus circunstancias que, por cierto, nadie va conocer mejor que la propia interesada. Insisto: salvo que les pregunten explícitamente por su opinión, quizás lo mejor sería que se abstuvieran de darla.

Sin embargo, la cosa no acaba en el momento en que la mujer decide ser madre. Para nada. Su calvario acaba de comenzar.

Conocer el sexo del bebé NO es obligatorio.

La última vez que miré el BOE continuaba siendo algo opcional e innecesario, no se si habrá cambiado desde entonces. Si ustedes son de los que desearían saberlo lo antes posible, felicidades, ya pueden hacerlo desde la octava semana con un simple análisis de sangre.

Pregunto: ¿Es mucho pedir que RESPETEN a las mujeres/parejas que prefieren NO saberlo hasta el día mismo del parto? Si ellos no desean que el médico se lo haga saber ¿qué oscura fuerza es la que les impulsa a compartir sus ridículos pronósticos al mirar una ecografía?

En serio. Es que me da mucha curiosidad. ¿Por qué siguen mirándoles raro y dando la murga con la excusa de que “es para ir preparándolo todo“? Vamos a repasar la lista de preparativos que es necesario hacer cuando la familia crece y luego vamos a tachar aquellos en los que el género NO importa en absoluto:

Preparar o habilitar una habitación para el bebé
Comprar una cunita
Comprar ropita para cuando nazca
Pensar un nombre
Comprar pañales, toallitas y demás

Ya está. La lista se nos ha reducido a un único punto. ¿Han pensado que es tan sencillo como elegir DOS nombres en vez de uno? ¿Sabían que también existen nombres neutros (click aquí)?

Su postura no tiene sentido, a no ser, claro, que cuando dicen “prepararlo todo” se estén refiriendo a elegir pintura rosa o azul para pintar la habitación, y decidir si el pijama debe ser de Hello Kitty o de los coches de Cars, lo cual me lleva al siguiente punto:

Etiquetar a seres humanos es de mal gusto.

¿Y cuánto tiene ya? ¿Y cuánto pesó al nacer? ¿Y cuánto pesa ahora? En serio… ¿quieren dar la enhorabuena a la futura madre o están pensando en comerse a la criatura? Sólo les falta preguntar si los valores nutricionales los lleva detrás del body. No se, propongan al gobierno tatuarles un código de barras al nacer, o algo así, para que luego ustedes puedan acceder a su historial detallado con sólo escanearles con la pistola láser. Incluida la denominación de origen, claro, no vaya a ser que la pareja no sea realmente el padre y ustedes sin saberlo para poder cotillear a gusto.

Las personas (y por tanto también los bebés) NO somos productos de consumo. Entiendo que a ustedes les produzca cierta satisfacción que todo esté perfectamente etiquetado y clasificado por colores para que sea predecible y manejable dentro de la estrechez de miras de sus propias fronteras mentales, pero eso no es óbice para tratar a nadie como si viniera en un brick:

Leche entera = rojo
Niñas/Desnatada = rosa
Niños/Semidesnatada = azul

Porque claro:

Los chicos no pueden usar nada que sea rosa…

Les traigo una exclusiva: Una puntera investigación llevada a cabo por científicos de la Universidad de Stanford confirma que los putos colores no tienen género y que afirmar lo contrario es una estupidez. Son (sólo) colores. La idea de que el rosa es “de niñas” es pura literatura, igual que asociar la “esperanza” con el color verde: son meros constructos sociales, convenciones que en algún momento alguien estableció de una determinada manera, igual que podría haber sido de la contraria y que (como ocurre con cualquier otra asociación mental creada artificialmente por personas) carecen de valor en si mismas.

Algunas resultan útiles, pero otras (como ocurre con las creencias sexistas o machistas) son absurdas y perniciosas y, lo que esta claro, es que todas pueden ser revisadas de forma crítica.

…que luego el crío te sale ‘rarito’.

Pensar que si no se somete a una criatura a la socialización de genero clásica (con toda su parafernalia correspondiente: cocinitas Vs. balón de futbol, etc.) correrá peligro de ser gay, lesbiana o transexual cuando sea mayor es homófobo/tránsfobo. Entérese ya, porque esa ideología intolerante no consiste sólo en ir dando palizas a estas personas, sino también en afirmar cuñadeces fachas como la tristemente famosa: «que hagan lo que quieran pero que no lo llamen matrimonio».

Bienvenidos al Siglo XXI: Ser homosexual no tiene nada de malo y, por si no se habían enterado, la orientación sexual no es algo que pueda elegirse a capricho o modificarse mediante la educación. Afirmar eso es tanto como decir que es posible “curar” la homosexualidad (como afirman algunos magufos ultracristianos) pero resulta que NO es ninguna desviación, perversión, trastorno, ni enfermedad. Y si ustedes piensan lo contrario les ruego encarecidamente que nunca tenga hijos. Se merecen algo mejor.

La otra cara de la falsa moneda: el determinismo biológico.

Al margen de que es más que probable que tengamos ciertos talentos innatos e inclinaciones naturales, lo cierto es que en gran medida somos el resultado de las expectativas que los demás depositan en nosotros.

Al tratar a niños y niñas de forma diferente en función de su género, lo que hacemos es condicionarles para que se comporten de una determinada manera y desincentivando que lo hagan de la contraria. Estamos limitando su abanico de opciones posibles y, cuando más tarde observamos que se comportan como esperábamos que lo hicieran, nos vemos reafirmados en la creencia de que niños y niñas tienden a comportarse naturalmente de forma distinta, cuando en realidad todo el proceso ha sido contaminado artificialmente. De hecho, una parte clave de toda investigación científica rigurosa, es minimizar los sesgos (click aquí) y neutralizar las expectativas del observador (ya he hablado antes sobre el Efecto Pigmalión y la Profecía Autocumplida) por ejemplo mediante el método del doble ciego.

La solución: coeducación.

En ocasiones los condicionamientos de género se realizan de forma muy sutil (aunque no por ello menos efectiva). Otras en cambio adoptan forma de auténticas aberraciones que coartan la libertad de movimiento de las mujeres, como en el caso de las faldas (leer esta noticia). Con falda no se puede correr y jugar como lo hacen los chicos. Y menos aún cuando se carga con la “responsabilidad” de que nadie vea tus bragas.

«Pero si son ellas las primeras que eligen las faldas libremente». Faltaría más, digan ustedes que si. Ellas eligen libremente las faldas después de haber crecido con el pijama de Hello Kitty e invadidas de cosas rosas a su alrededor. Eligen libremente después de haberles impuesto jugar con las cocinitas en vez de con el balón, que era el regalo de su hermano. Eligen muy libremente después de haberlas cargado con todos los estereotipos sexistas, después de observar como a algunas de sus compañeras las insultaban llamándolas ‘marimachos’ por no ser suficientemente femeninas.

Eligen igual de libremente que nosotros elegimos jugar haciendo el bruto, la acción, la velocidad y el movimiento con la libertad (claro está) que nos proporciona vestir pantalones y que nuestros padres tengan más que asumido que al volver del parque los vamos a traer manchados porque “¡Ay!… (suspiro)… niños”. Nosotros elegimos libremente no expresar nuestros sentimientos después de crecer escuchando que «los niños no lloran», y observando como los que si lo hacían eran tildados de ‘nenazas‘ y ‘maricones‘ por el resto, por ese tipo de niños que se saludan dándose un puñetazo en el hombro.

Libremente mis cojones. La socialización de género es una mutilación de la personalidad de los individuos (tanto de hombres como de mujeres) que comienza incluso antes de haber nacido. Antes de entrometerse en la educación de los demás, piensen en eso antes de educar a sus propios hijos. Y especialmente antes de educar a sus propias hijAs, que son las que, cuando crezcan, se van a llevar la peor parte en una sociedad machista y misógina hasta las trancas.

Gracias.

P.S: Un saludo a mi querida amiga Marta (NuGu), que es quien me ha inspirado escribir sobre este tema contándome anécdotas. Y felicidades: pronto tendremos entre nosotros una nueva persone feministe.

2 comments

  1. Me he reído lo que no tiene nombre con aquello de pesar a los bebés para comerse a la criatura…
    Muy acertada la crítica, a las mujeres nos llueven las opiniones y recomendaciones no solicitadas por todas partes, porque realmente se asume que no sabemos movernos solas por la vida. ¡¡Sigue con esto Puck!!

    1. Lo primero un abrazo grande a puck. Un beso para nugu. Me encantaría saber escribir como tú. Y mi estado después de leer esta maravilla es: pido a Jesús me de ánimo para que ésta noche no se me olvide comprar un lanzallamas. Prometo que lo usaré debidamente.
      Año 2016.
      Año de la misericordia.

      Paz para el mundo

      AMOR

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