Sin prostitución no hay trata

Sólo existen dos tipos de putero

El debate feminista al respecto de la prostitución se ha centrado, como es lógico, en buscar el mayor bienestar posible para las mujeres inmersas en este fenómeno y liberarlas de la opresión que sufren; es decir, exactamente igual que el fin perseguido por el movimiento respecto a cualquier otra mujer, pero atendiendo a las peculiaridades de este subgrupo, que se encuentran en una situación especialmente frágil de vulnerabilidad social. Este artículo no va a entrar en dicho debate; únicamente pretende fijar el foco de atención en la otra parte del conflicto: en todo lo que se esconde tras el hombre que demanda este tipo de “servicios. ¿Es materialmente posible que un putero respete a las mujeres en general y a las prostitutas en particular? Responder a esta pregunta nos aporta una dimensión absolutamente imprescindible para poder tomar la decisión óptima (la más lógica, racional, operativa, factible, etc) acerca de cómo debemos legislar al respecto y, sea cual sea la respuesta que demos, inevitablemente va a determinar nuestra postura dentro del citado debate. Al humilde entender de un servidor, sólo existen dos tipos de putero:

Tipo 1: El misógino orgulloso.

Este tipo de putero nunca preguntará a la mujer que acaba de contratar si está allí por voluntad propia o si está siendo esclavizada sexualmente por las mafias. Y no pregunta por un motivo muy simple: le da igual. Para él sencillamente ese no es su problema. Simplemente se cree un cliente y exige porque paga y piensa que su dinero puede comprarlo todo.

En el fondo, claro, odia a las mujeres. Mucho. Y si se “va de putas” es precisamente para volcar todo el desprecio que siente por ellas a través del sexo. Las desprecia porque en el cole las niñas siempre se reían de él. Porque en el instituto todas le ignoraban haciendo como que no existía. Y en la universidad le miraban como si fuese un gusano y ninguna quería tocarle siquiera con un palo. Así que está resentido con ellas; se siente victima porque claro, también tiene su corazoncito y sus “necesidades” no resueltas y no demasiadas opciones. A veces los tipos como él encuentran alguna alienada a la que destrozarle la vida pero, cuando no es el caso, tan pronto como reúne un poco de dinero, se va “de putas” (generalmente en grupo) y lo usa para vengarse. Cada vez que sube a la habitación del prostíbulo se está vengando de Lorena, la chica de las gafas que le dijo «contigo no, bicho». Cada vez que recoge a una chica en la rotonda del extrarradio se venga de Leticia, aquella chica a la que conoció en la autoescuela y que tanto le costó reunir el valor para invitar a tomar un café, todo para que luego se fuese apenas a los diez minutos disculpándose con la excusa de haberse dejado «las lentejas al fuego». Cada vez que estando de viaje pone el canal local en la TV del hotel y llama al número de un anuncio diciendo su número de habitación se está vengando de la desconocida con la que se lió en una noche aciaga de alcohol que se truncó cuando ella le exigió parar y el pobre aún no ha sido capaz de entender por qué ni asimilar su cambio de opinión. Se siente (y se sabe) tan insignificante para las mujeres que necesita reafirmarse y, con el cerebro podrido por el porno más extremo, busca sentirse poderoso recreando prácticas sexuales, escenas y/o situaciones que perfectamente podrían corresponder con las torturas ejercidas por los soldados estadounidenses a las civiles iraquies. Y cuando ellas no acceden a sublimar sus fantasías perversas disfrutan aún más, porque parte del “encanto” consiste en lograr transgredir sus límites y hacer que se dobleguen a su voluntad. Así que sube la cifra para ver si cambia de opinión. Porque cada vez que logra que una prostituta claudique se está vengando de todas aquellas “zorras” y “calientapollas” que le rechazaron: «¿Quién tiene la sartén por el mango ahora, ¿eh? ¿quién?». Y si aún así continua negándose a pasar por su aro, pues tampoco pasa nada:  ya encontrará a otra más precarizada que no pueda permitirse el lujo de rechazar su dinero… o incluso «si se pone tonta» puede incluso que decida directamente violarla mediante la fuerza para «bajarle los humos», que es lo que en realidad le gustaría hacer con cualquier otra mujer que se cruza en su camino cuando el momento y el contexto le son propicios y lo único que le retiene el temor a las consecuencias; pero claro, en el caso de violar a una “puta” la sociedad se lo pone fácil: «¿Acaso lo va a denunciar a la policía?» Y aunque así fuera «¿A quién van a creer? ¿Qué pruebas va a poder aportar de que fue sin consentimiento si lo da a cambio de dinero?»

Por suerte, este tipo de putero es estadisticamente minoritario, si bien se hace mucho mas visible porque no tiene ningún remilgo a la hora de airear su discurso en publico. El grupo más reciente del que hemos tenido constancia son los autodenominados célibes involuntarios (incel) que sostienen un corpus teórico delirante por el cuál el Estado debe regular el sexo como un recurso al que todo hombre tiene derecho a acceder a través de una especie de programa de “redistribución de la riqueza sexual” y que ya han cometido atentados terroristas con víctimas mortales en los Estados Unidos. Pero a ser un “incel” se llega por el camino de ser un MGTOW (Men Going Their Own Way) comentado en este artículo y por Jessica Fillol (#110). Y antes de eso tuvimos a Roosh Valizadeh, un bloquero norteamericano que, con el pretexto del humor, lanzaba un discurso encaminado a, atención, ¡legalizar la violación! y organizaba reuniones de machos para “luchar contra la igualdad”; dos de ellas aquí mismo en Barcelona y Granada, donde finalmente la presión popular sobre las autoridades logró que fueran desconvocadas. Y es que en España no nos quedamos atrás, la mayor parte de nuestros fachirulos se reúnen en RRSS y sitios como forocoches (cuyo fundador, Alejandro Marín, no pierde ocasión para retratarse) o burbuja.info (cuyo administrador, Carlos López, se ha ofrecido a proporcionar defensa legal y costearla parcialmente a aquellos de sus usuarios que difundieron ilegalmente el vídeo de la víctima de La Manada de los sanfermines contra el secreto sumarial, y a los que ahora la AEPD ha mandado un requerimiento). Obviamente, esta gentuza prolifera porque son alentados por personajes famosos tan variopintos como los lideres de la primera linea política Pablo Casado o Albert Rivera, lideres religiosos, pornógrafos condenados por corrupción de menores como Torbe, youtubers como Dallas y su ejercito zombie de palmeros pambisitos. Sin olvidar a los mercachifles como Álvaro Reyes, que se lucran a base de dar cursos de acosador machista a los futuros “incels” del país. Y así se cierra el círculo.

Aunque puedan parecerlo, no debemos caer en el error de pensar que son sociópatas pues (al menos la mayor parte) son sanos hijos del patriarcado que se comportan como lo hacen debido a las creencias supremachistas y los “valores” en que los han sido educados.

En cualquier caso: es gente muy peligrosa cuya reeducación y reinserción resulta extremadamente complicada. De modo que, puestos a administrar unos recursos (que se presuponen escasos), quizás la prioridad debería ser ser evitar por todos los medios (educación, la prevención y la detección temprana) que ningún niño llegue a ser como ellos de mayor. Y a ellos simplemente apartarles de la sociedad porque esta claro que no saben ni pueden vivir en una. No al menos si queremos que sea una sociedad de mujeres libres.

Tipo 2: El putero de rostro humano.

Este tipo de putero nunca preguntará a la mujer que acaba de contratar si está allí por voluntad propia o si está siendo esclavizada sexualmente por las mafias. Porque él necesita creer que no es así, pero claro, tampoco es plan de renunciar a su polvo y perder el dinero ¿no? De modo que lo más fácil es darlo por supuesto: «Seguro que alguien se encarga de hacer inspecciones en estos locales y asegurarse que eso no pasa aquí».

Él no odia a las mujeres como los machos alfa del primer tipo. Nooo. De hecho les desprecia con todo su ser porque (las chicas que le gustan a menudo les prefieren a ellos) se comportan con ellas como unos cabrones y unos zafios. Al contrario que él, que es muy sensible y las adoran y admiran. A todas ellas. Piensa de ellas que son superiores a los hombres (así, de forma ambigua). Dicho de otro modo: lo que hacen en realidad es idolatrarlas. En su cabeza hay toda una serie de ideas místicas que giran en torno a LA MUJER como idea platónica, por las que cada mujer “terrenal” posee un reflejo de divinidad. Así que las trata como si fuesen diosas griegas; siempre fascinado por su capacidad (procreativa) para dar vida y, por supuesto, por su relación inherente con el concepto del SEXO, que es la razón misma de su existencia. Por eso le excita cualquier cosa que esté relacionada con la femineidad: la ropa de mujer, el maquillaje, las formas y valores asociados a lo femenino, la fragilidad, la delicadeza, los cuidados, la ternura, sus rituales de mujer. Por eso son capaces de arrastrarse por el fango o hacer (literalmente) cualquier cosa por follar con la mujer de la que estén pillados en ese momento o con cualquier otra. Así que, en circunstancias normales nunca se plantearía acudir a un prostíbulo, pero siempre tiene una excusa: Es novato y necesita tener experiencia y coger confianza para cuando encuentre a alguien especial. Está muy triste porque su novia le acaban de dejar. Se siente muy sólo. Su nueva novia no se deja por el culo. Es su despedida de soltero y la última noche de libertad. Está muy salido y a su mujer le duele la cabeza. Desde que tuvo a su hijo, su mujer ya nunca desea tener sexo (Largo etcétera). Si supiera el asco que evoca a la mujer prostituida con sus piropos y sus caricias, con su contacto, no sería capaz de hacerlo y, por eso (aunque en el fondo sabe perfectamente lo que está pasando allí) necesita legitimarse a través del auto-engaño creyendo que ella lo hace porque quiere y porque, aunque la transacción económica esté ahí encima de la mesita, también lo desea e incluso lo disfruta. En el fondo la está pagando por interpretar el papel de la “puta feliz” dentro de una especie de performance teatral. Necesita que se ciña a ese papel porque es el único que le permite encajar a él dentro del rol de caballero y conquistador; simulando un encuentro espontaneo y natural, recreando el flirteo… Por eso se enfada si ella no cumple con su parte del guión o lo hace con manifiesta desgana: cuando ella deja de fingir, la farsa de su fantasía se cae a pedazos y él se ve reflejado como lo que realmente es: un misógino, igual que esos tipos a los que desprecia (o aún peor porque no es tan fácil de ser detectado). Y no puede consentir eso, claro, porque luego viene la culpabilidad y la conciencia le hace sufrir y necesita acallarla con autojustificaciones: «Al menos yo las trato con respeto». «Ayudo con mi dinero a que pueda mantener a sus hijos». En el fondo, ya saben, quiere «lo mejor para esas chicas». Puede incluso que se diga a si mismo feminista; de modo que suele ser el típico putero regulacionista que dice que «sólo es un trabajo como otro cualquiera». Aunque, por supuesto, jamás aceptaría que su madre, su mujer o su hija trabajasen de eso por muy legal que fuese, aunque no pierda ocasión para defender en la barra del bar con un palillo en la boca que, «si se legalizase, sus condiciones laborales mejorarían mucho». Claro que igual también le motiva que sea legal porque, de este modo, dejaría de estar envuelto en esa aureola de clandestinidad y de moralidad reprochable cuando él no cree estar haciendo nada malo, así que: «¿Por qué parece que tengo que esconderme?»

Pues eso mismo me pregunto yo, Jose Luis. Eso mismo nos preguntamos todos.

Ejercicio práctico:

Hombre que me lees, ¿qué tipo de putero eres tú? Pues si no lo eres, por favor, colabora expresando públicamente tu repulsa hacia quienes contribuyen al sistema prostituyente (puteros y proxenetas) y tu apoyo a sus víctimas. ¿Algo de lo que he dicho te parece exagerado? En ese caso te invito a leer los testimonios y comentarios de los puteros narrados de primera mano y recopilados de los foros donde se sienten protegidos de la opinión pública y libres para expresarse de forma sincera y desinhibida. Las capturas y transcripciones están expuestas en este artículo o en el HT de Twitter  (si voy encontrando más material lo añadiré aquí).

Como pasatiempo también puedes intentar clasificar cada uno de los comentarios en los tipos que he definido aquí y verás que, en realidad, todos encajan en uno u otro perfil aunque algunos tengan un poco de los dos. Por último, te dejo con una pregunta para que reflexiones ¿Con que nivel de impunidad crees que se siente estos puteros para sentir que puedan hacer semejantes comentarios impunemente (aunque sea amparados por el anonimato de la red)? ¿Alguna vez has contribuido a que se sientan así de impunes con tu silencio o complicidad masculina, riendo chistes o normalizando la prostitución?

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