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Liberad a Britney

¿Quién es Britney Spears?

Britney Jean Spears, nacida el 02/12/1981, cumplirá 40 años este próximo otoño y lleva 13 siendo tutelada por su padre. La imagen que tenemos de ella ha sido siempre manipulada por su entorno. ¿Quién crees que es Britney Spears?

Esa colegiala bonita y alegre que presentaba “El club de Mickey Mouse” (un programa infantil) en los primeros 90 y que se hizo famosa en 1998 con su primer disco y el pegadizo, y muy pegajoso, tema “Baby one more time”, en cuyo vídeo aparecía completamente hipersexualizada a sus 16 años.

Esa adolescente que, sólo un año después, comenzaba una relación con Justin Timberlake, compañero de trabajo. Relación que duraría hasta el año 2002, tras lo cual él se dedicó a hundirla mofándose de ella, hablando de la virginidad de ella, escalando en la industria musical sin importarle pisar a su ex novia con tal de estar en boca de todos. El mismo que hundió la carrera de Janet Jackson cuando el famoso destape de pecho (de ella) durante el descanso de la Superbowl de 2004. [Me da igual que el sr. Timberlake haya pedido perdón públicamente este pasado mes de febrero, el daño estaba hecho y las víctimas, una vez más, son mujeres].

Esa mujer que fue madre en 2005 y en 2006, a quien los paparazzi perseguían sin descanso, llegando a pagar hasta un millón de dólares por una fotografía suya, obtenida sin permiso, retratando su intimidad; la misma mujer a quien acosaron incesantemente, cuestionando una y otra vez si podía ser una buena madre (una buena madre según quién, me pregunto). Esa mujer de la que se alimentó la prensa amarilla norteamericana durante muchos años – no sólo los paparazzi hacían caja con ella, los programas de TV diseccionaban su vida continuamente, haciendo chistes sobre “las cosas que había perdido” como la custodia de sus hijos, su pelo o su salud mental.

La cantante que fue portada a nivel mundial cuando, en 2007, y en lo que se calificó como “un ataque de locura” se rapó el pelo al cero. No era un ataque de locura, era una bengala pidiendo ayuda, harta de su propia imagen, necesitada de dejar de ser ella misma, dejar de ser ese producto de envoltorio perfecto que, sin embargo, esa misma noche del cambio de imagen, se había quedado sin poder ver a sus hijos ante la negativa de su ex marido, Kevin Federline (colega de Justin Timberlake, que no falte la camaradería masculina), de dejarla pasar. La misma que en 2008 aceptó ser tutelada, cuando en realidad buscaba alguien que le llevase las finanzas y hacerlo todo lo mejor posible para no perder la custodia de sus hijos, por la que su ex marido estaba batallando ferozmente. La estrella de la música que no sabía que estaba firmando su sentencia de muerte en vida, una cadena perpetua que sería vigilada por su padre, una figura que, hasta el momento, había permanecido al margen y, oh, casualidad, saltó a la palestra precisamente cuando ella estaba en lo más alto de su carrera musical y acababa de editar su disco más aclamado por la crítica especializada: “Blackout”.

Todas esas mujeres son Britney Spears, durante años conocida como la princesa del pop (nadie ose quitar el título de reina a Madonna, como si sólo pudiera haber una única mujer destacando en un mundo de hombres). Eso era lo que conocíamos de ella hasta ahora, hasta que en 2019 se plantó y decidió frenar su carrera. Hasta que hace tan solo dos días, el pasado 24 de junio de 2021, decidió alzar la voz. Decidió hablar sobre el infierno que ha estado viviendo durante los últimos 13 años, que se dice pronto, orquestado por su propia familia.

Hasta la fecha no se atrevía a hablar porque creía que la gente diría “está mintiendo, lo tiene todo, ella es Britney Spears”.

Cuando el objetivo es anularte… para explotarte

En el año 2008 comenzó la tutela de Britney, tras 5 discos editados, numerosos singles, videoclips y giras. Britney era exitosa. Su hermana Jaime Lynn, también en la industria musical, tenía una manager (Lou Taylor) que fue a quien se le ocurrió la idea. Esta modalidad de tutela legal, que sólo se aplica a personas que permanecen en estado vegetativo, a personas que padecen enfermedades psiquiátricas graves o a personas de muy avanzada edad que no pueden valerse por sí solas, es una figura jurídica difícilmente revocable e implica, en este caso concreto, que la persona tutelada no puede hacer nada por su propia voluntad: no puede salir de casa, no puede disponer de su propio dinero, ni ir a votar o ver a sus propios hijos. No tiene control alguno sobre su propia vida.

Esta tutela fue programada para finalizar casi dos años después de haberse iniciado. Sin embargo, lleva la friolera de 13 años en marcha. Trece años en los que esta artista no ha podido tomar una sola decisión sobre su vida profesional o personal. Si realmente no estuviera en plenas capacidades mentales, si necesitase ser acompañada como lo son las personas menores de edad, como alega su padre y tutor, ¿podría ella haber editado 4 discos más, realizado 3 giras mundiales, mantenido un espectáculo permanente en Las Vegas durante 4 años, sido jurado de televisión en X Factor, creado perfumes y merchandising variado? ¿No debería estar retirada, descansando, siendo cuidada, mejorando su salud mental? ¿Alguien que no está en plenas facultades mentales trabaja siete días por semana y genera millones de dólares (350.000 dólares por cada concierto en Las Vegas)?

Su representante Larry Rudolph (1998-2004 y desde 2008 hasta la actualidad) y su padre James Spears están dispuestos a todo por dinero. Se estima que la fortuna de ella ascendía a 200 millones de dólares cuando toda esta historia de la tutela empezó. Ahora se calcula en 60 millones. El sr. Spears está dilapidando el dinero de su hija, a quien tiene esclavizada y explotada hasta la extenuación, con el beneplácito de su representante, la (muy misógina) industria musical y la connivencia del sistema judicial del estado de California, donde ella reside.

Britney Spears lleva implantado un DIU para evitar que tenga más hijos. Un DIU que no puede quitarse sin autorización de su padre, quien ni siquiera le permite ir al médico. Ese mismo padre que le dijo que tenía que ir a rehabilitación, que le costaría 60.000 dólares al mes una terapia diseñada para ella. Durante esa llamada telefónica ella se pasó una hora llorando y él, disfrutando con su sufrimiento, sabiendo que podía causarle dolor a una mujer fuerte y poderosa a la que tiene atada de pies y manos. No contentos con el DIU y con la medicación que toma todos y cada uno de los días, cuando se negó a aceptar estar de nuevo en Las Vegas con otro espectáculo residente, le retiraron la medicación (de la noche a la mañana) y se la cambiaron por litio, un metal que puede dejarte mentalmente anulada y que le hacía sentirse continuamente borracha.

Cuando otras mujeres te devuelven la voz

En abril de 2019, tras el ingreso de la artista en una institución mental (la de los 60.000 dólares mensuales), un podcast creado por admiradoras y llamado Britney’s Gram recibió un mensaje de voz de un asesor jurídico asegurando que ella había ingresado en el centro en contra de su voluntad. Las creadoras del pocast se lo tomaron en serio, empezaron a tirar del hilo y ya no han parado de hacerlo, buscando incesantemente la manera de ayudarla y sacarla de ahí. Ellas crearon el hashtag #FreeBritney (liberad a Britney), que ya se ha hecho viral y a través del que sus fans y, posteriormente, las feministas del mundo, reclamamos su liberación.

Estuvo recluída cuatro largos meses, obligada a realizar todas las tareas programadas, cuando a ningún otro paciente se le obligaba, amenazada con no volver a ver a sus hijos. Cuatro largos meses durante los cuales #FreeBritney se fue alimentando y creciendo hasta ser lo que es hoy: una red de apoyo, una familia enorme e internacional que busca lo mejor para su hermana tutelada – su libertad.

Precisamente fue en 2019, el año en que detuvo su carrera, cuando sus fans elaboraron la teoría de que encontraban mensajes «cifrados» en su cuenta de Instragram mediante los cuales ella iba pidiendo ayuda. Independientemente de si dicha teoría es cierta o no, hay numerosas cuentas en redes sociales creadas en apoyo a Britney, como por ejemplo @britneylawarmy desde la cual buscan abogados defensores que no estén comprados por los tutores legales de la cantante. Gracias a este hashtag, el movimiento #FreeBritney ha conseguido que la cantante haya podido llamar a la jueza Brenda Penny para contar su versión de la historia: al saberse arropada por sus fans, al leer sus pancartas de apoyo, al darse cuenta de que no está sola, ha querido hablar y compartirlo con el mundo. Ha querido ser escuchada y que se conozca su versión de la historia.

Estas son sólo algunas de las cosas que se pueden escuchar durante esa llamada. Ponen los pelos de punta.

«Las personas que me han hecho esto deberían ir a la cárcel».

«Trabajaba siete días a la semana, sin días libres. En California, lo único similar es el tráfico sexual: hacer que alguien trabaje contra su voluntad, quitándole todas sus posesiones (tarjetas de crédito, dinero, teléfono, pasaporte), haciéndole vivir en el mismo lugar en que viven las personas que le hacen trabajar».

“Le he dicho al mundo que estoy bien. Es mentira. Creía que, si lo decía suficientes veces, se haría realidad porque he estado en negación. He estado en shock. Estoy traumatizada. (…) No soy feliz, no puedo dormir, estoy tan enfadada que es de locos, estoy deprimida. Lloro cada día».

“Quiero cambios y quiero que los cambios avancen. Merezco cambios. (…) Quiero recuperar mi vida. Han pasado 13 años, ya es suficiente. Ha pasado mucho tiempo desde que no tengo mi propio dinero”.

“Insisto, no tiene sentido que me siente frente al estado de California para que vean con sus propios ojos cómo soy una forma de vida para tanta gente, cómo pago a tanta gente, tanto dinero, cómo muevo camiones y autobuses por carretera [en gira] y me digan que no soy buena. Soy genial en lo que hago. Y les permito que controlen lo que hago. Ya basta. No tiene sentido”.

Para nuestra alegría, hay dos momentos durante sus declaraciones que nos hacen ver que hay esperanza. Más allá de la batalla legal a la que tenga que enfrentarse, el paso que ha dado con esta llamada ha sido de gigante y ella misma se da cuenta cuando dice “tengo el derecho a usar mi voz y hablar por mí misma” y “estoy harta”. Ninguna mujer debería pasar el calvario que está pasando Britney Spears. Ninguna mujer debería ser esclavizada, ni de ésta ni de ninguna otra forma. Sabemos que la industria musical nos odia. Pero este caso va mucho más allá. Desde aquí mostramos todo nuestro apoyo y haremos tanto ruido como sea necesario para que, a partir de ahora, todo sean pasos adelante soltando las cadenas que la han tenido cautiva durante 13 años.

Más información en:

Declaraciones de Britney el 24/06/2021 [24 minutos, inglés]

Transcripción de las declaraciones a la jueza Brenda Penny

Liberad a Britney Spears de @davidnoriega

Miley Cyrus se hizo eco de la vida de Britney en la serie Black Mirror (5×03): «Rachel, Jack & Ashley too».

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