abortar en España

Abortar en España

Ninguna mujer aborta por gusto ni capricho. Fin del debate. Y muy especialmente si tienes pene, porque tu opinión no nos interesa a ninguna. Dicho lo cual y, a pesar de que abortar ya sea legal en esta patria nuestra que tanto nos odia (en muchas partes del mundo continúa sin serlo), cuando cualquiera de nosotras decide dar este (muy meditado) paso, o bien le sobra el dinero, o se golpea de bruces contra un muro de hormigón ya que, en la práctica, abortar en España continua siendo un lujo reservado sólo para aquellas que pueden permitírselo, como lo era en aquella época (no tan lejana) en que las españolas adineradas volaban al Reino Unido a hacer «turismo» o pagaban a médicos de confianza para hacer aquello que la ley no nos permitía aún: decidir sobre nuestros propios cuerpos.

El sesgo de la medicina

Empecemos por el principio: la medicina occidental actual continúa basada en el cuerpo del hombre como medida de todas las cosas y sin tener en cuenta las peculiaridades de las mujeres, nosotras, la mitad de la población mundial. No se nos estudia, no se tienen en cuenta nuestras características, nuestros ciclos vitales ni nuestras peculiaridades físicas. Pero no sólo eso, sino que tampoco se contempla estudiar y aprender sobre abortos en las facultades de medicina. ¡Pero, qué cosas digo! ¡Por qué iban los hombres a querer estudiar medicina cuando estudian medicina! Oh, espera…

“Se depende casi exclusivamente de la sanidad privada tanto para formarse en todas las técnicas y procesos como para poder desarrollar esta labor de manera completa”, ratifica la ginecóloga María del Mar Alcalá Alcalde. Esta doctora, que no llega a la cuarentena, pasó por el sistema de salud, pero denuncia que para especializarte en IVE se debe ir a lo privado.

¿Cómo te quedas? Helada me quedé yo al leerlo la primera vez. La interrupción voluntaria del embarazo (IVE) o aborto no se estudia en la sanidad pública. Se siguen practicando abortos a la vieja usanza, se siguen corriendo innecesarios riesgos que ponen en peligro la salud de la mujer y le pueden causar daños de por vida. Pero, eh, a quién le importa, si todo esto no les pasa a ellos. Tenéis suerte de que no seamos como vosotros, hombres, porque a estas alturas de la película habríamos preparado ya un par de guerras mundiales para daros lo que en realidad os merecéis: vuestra propia medicina.

Me produce tantísima vergüenza saber que no estudiáis ni siquiera nuestros genitales ni nuestros aparatos reproductores cuando estáis en la facultad… tantísima. Y, sin embargo, esto explicaría todas y cada una de las veces que en una consulta ginecológica no han sabido decirme a qué se debía nada de lo que fuera que me estuviera ocurriendo en aquel momento y que era motivo de mi consulta. Sólo ahora, pasados los 40 y de la mano de una ginecóloga formada en muchas otras áreas y con un claro interés por seguir aprendiendo, he podido hacerme una idea del funcionamiento de mi cuerpo. No del cuerpo humano en general, no del cuerpo de la mujer como ente. Del mío. Con mis características, mi historial clínico, mis antecedentes familiares y mi idiosincrasia particular. Que hayan tenido que pasar tantos años, tantas consultas, tantas camillas y tanto desprecio hasta llegar a una señora que me ha tratado con respeto desde el mismo momento en que crucé su puerta demuestra todo el camino que nos queda por recorrer. Porque mi caso no es único, estoy segura.

Y aunque no he vivido IVEs, sí que he pasado por abortos involuntarios. Y, en fin, visto cómo me trataron (o mejor dicho: me despacharon), no quiero ni imaginar el horror que tiene que ser tomar la decisión de manera consciente y superar la yincana que supone conseguir el objetivo. Hermanas, os admiro. Y desde este pequeño altavoz que tengo y con las herramientas de que dispongo, haré todo lo que pueda para que dicha situación cambie.

La ley del aborto en España: historia

El aborto no sería despenalizado en España hasta el año 1985 (tuvieron que pasar 10 largos años tras la muerte del dictador fascista) y únicamente se contemplaba en tres supuestos: violación, riesgo para la salud física o psíquica de la gestante, y malformación del feto. Fue un gran avance, pero ninguna panacea y, su mayor deficiencia, es que no se trataba de una Ley del aborto como tal, sino de una reforma del Código Penal. ¿Y por qué esto es importante? Porque se limitaba a permitir hacerlo sin consecuencias legales, pero seguía estando excluido de la cartera obligatoria de servicios de la sanidad pública. La posterior ley de 2010 del gobierno de Zapatero consolidaba la interrupción voluntaria del embarazo como un derecho de las españolas, pero… llegaba demasiado tarde: tras casi 25 años con la anterior normativa, la inmensa mayoría de IVEs se practicaban en clínicas privadas y, para colmo, su aplicación en la sanidad pública quedaba supeditada a las cuestionables creencias religiosas del medicucho de turno.

Y si digo «cuestionables creencias» es porque considero firmemente que un profesional de la medicina no debería poder imponer su moral sobre nuestra salud: si te niegas a practicar abortos, a recetar píldoras anticonceptivas o contraceptivas, si te niegas a tratarnos como las pacientes tuyas que somos, mejor dedícate a la fontanería, Manolo. Lo tuyo nunca fue la medicina, porque, oh, sorpresa (no), los objetores de conciencia siempre tienen problemas morales con todo lo relativo a la salud de las mujeres, pero no ven problema en realizar ningún otro tipo de intervenciones. ¿Alguien dijo misoginia? ¿No? Me había parecido oírlo… Es decir, las feministas hemos visto nuestras peticiones hechas realidad, pero por el camino hemos perdido la oportunidad de que dicha realidad fuese pública y gratuita para todas sino un negocio. Otro triunfo del patriarcado. Y las clínicas privadas, con tal de llenar las arcas, interpretaban la ley y la norma como más les convenía. Que no pare la máquina de hacer dinero, aunque sea (como siempre es) a nuestra costa.

Algo bueno tenía que tener la ley de 2010, eso sí. Concretamente, que permitía el aborto libre durante las primeras 14 semanas, lo permitía para las niñas de 16 y 17 años sin necesidad del consentimiento de sus progenitores o tutores legales, y contemplaba el aborto dentro de las 22 primeras semanas en casos de «grave riesgo para la vida o salud de la embarazada» o «riesgo de graves anomalías en el feto»; y en cualquier momento si se detectan «anomalías fetales incompatibles con la vida» o «cuando se detecte en el feto una enfermedad extremadamente grave e incurable y así lo confirme un comité clínico».

Menos da una piedra, aunque siga sin ser lo que necesitamos y tampoco podamos confiarnos demasiado: ya en 2014 el Partido Popular intentó tumbar la ley y salimos a la calle con los cuchillos en los dientes. ¿Lo recuerdas? (Qué momento más épico. Si es que no nos cansamos de repetirlo: juntas somos más fuertes. Da gusto vernos cuando nos unimos para pelear). Pero claro, de aquellos lodos estos barros. O viceversa. El caso es que nuestros siempre estamos enmarronadas en alguna lucha y la del aborto no es una pelea que haya terminado, precisamente. Lejos de eso, nos tenemos que ganar este derecho una y otra vez.

Año 2021… ¿o 1513?

Estamos ya casi en 2022 y me parece increíble lo que voy a escribir a continuación. Pero increíble de un modo negativo y frustrante, pues a estas alturas de la historia de la humanidad este tema debería estar ya más que superado. No parece que vaya a pasar en los próximos años. A lo que voy (agárrate, que es impactante): hasta 8 provincias españolas no han practicado ni un solo aborto en los últimos 30 años. Repito, 8 provincias, ningún aborto, 30 años. Sí, ya sé que te has cansado de leerlo en todas partes este año… Ah, no, espera, que no. Que lo has leído solamente si te has interesado por el tema, si eres feminista o quieres serlo o si lees algo más que los titulares de los grandes manipuladores periódicos que tan bien nos desinforman. Bueno, pues ya te lo cuento yo. Hay provincias en las que no es posible abortar, en las que tienes que buscarte la vida, soltar la pasta y/o moverte a otra provincia para poder tener voz y voto sobre tu propio cuerpo.

En un momento tan crítico de tu vida en el que cada minuto cuenta, en el que necesitas tomar decisiones y dar pasos con la mayor celeridad posible, en el que el apoyo psicológico es fundamental, tú tienes que someterte al periodo de reflexión (¿en serio?) y compaginarlo con la búsqueda del lugar en el que abortar con garantías de no van a practicar la intervención con una percha oxidada en la trastienda de un local inmundo. Porque eso sigue pasando no tan lejos de nuestro país y nos parece muy marciano, pero podría estar pasándonos a nosotras si otro color nos gobernase.

A ver cómo te lo digo… si vives en Canarias, depende de la isla que habites podrás abortar o no. Si vives en Castilla y León, échale combustible al coche, que te va a tocar moverte. En La Rioja serás una apestada, en Ceuta y en Melilla ya te puedes ir olvidando de intentarlo tan siquiera, desde Galicia te envían a Madrid (!!!),… En concreto, las provincias de Palencia, Zamora, Segovia, Ávila, Cáceres, Toledo, Cuenca y Teruel no han practicado ningún aborto. Nunca. Las Consejerías de Sanidad de las diferentes comunidades autónomas echan balones fuera y el Gobierno central… ay, el gobierno. Corramos un tupido velo. En las provincias en las que sí se practican IVEs dependes de la alineación de los planetas esa noche, de tu carta astral y de quién te atienda en el mostrador en un momento dado; ni siquiera en los centros de planificación familiar te informan correctamente (eso, suponiendo que te atiendan el teléfono en algún momento).

A esto le sumamos la objeción de conciencia que mencioné más arriba, que se da incluso en hospitales en los que el aborto sí se practica de manera habitual. Pero un día llega el Doctor Misógino de turno y decide que no le sale de sus huevos morenos atenderte, te manda para casa tildándote de loca y diciéndote sandeces del tipo «haber cerrado las piernas», «no haber follado» y te ves abandonada a tu suerte porque es «pro-vida». Esto pasa en todas partes, como en Cataluña, donde casi la mitad de los ginecólogos del sistema público afirma que nos odia se niega a realizar estas intervenciones. Es una maldita vergüenza. (No pasa sólo en Cataluña, no empecemos con la cantinela).

Que la fuerza te acompañe

Si estás pasando por esta situación, intenta que alguien te acompañe en todo momento. Al trauma de la decisión que has tomado y lo que te supone a todos los niveles (físico, mental y emocional) hay que sumarle los grupos antiabortistas que puedes encontrar en la clínica privada a la que te deriven desde tu centro de salud. Se hacen llamar «pro-vida» cuando en realidad quieren decir que odian que las mujeres tengamos  poder de decisión sobre nuestros propios cuerpos. Más allá de eso, sortear todas las trabas que vas a ir encontrando en la seguridad social requiere de mucha fortaleza mental – no acudas sola.

Te seré sincera: comencé a redactar este artículo con el objetivo de facilitarte un listado exhaustivo y detallado de lugares a los que ir y pasos que dar desde el primer momento en que sabes que estás embarazada y que no vas a llevar tu embarazo a término. Lamento decirte que no he sido capaz de hacerlo – no encuentro información al respecto, me rindo. Me da muchísima rabia no poder ayudarte en esto. Los portales de salud pública de las diferentes consejerías de sanidad de las CC.AA. remiten a clínicas privadas, a las que derivan a sus pacientes. Ni todas las provincias disponen de una (¡una!) clínica concertada para sus pacientes ni me parece que sea algo a enlazar aquí. Vergüenza debería darle a nuestros gobernantes que éste sea el caso. Permiten el aborto, pero no lo ponen fácil. No hay información accesible y no parece que vaya a haberla en breve.

Los plazos de los supuestos que cubre la ley son tan largos y tan incompatibles con los plazos de las sucesivas citas médicas que te van a ir dando en el sistema público que terminarás por saltártelos de la manera más rápida posible: acudiendo directamente a clínicas privadas en las que te cobrarán casi 500€ por la intervención. Efectivamente: el derecho al aborto sigue estando reservado para las más pudientes.

Conclusiones

Aunque parezca que me he tomado este tema medio en broma, dado el tono de mis palabras, no es así. Ni mucho menos. Considero que el aborto es un tema fundamental, prioritario y de obligado debate. Es más, creo firmemente que no debería haber ni siquiera debate al respecto. Debería ser un derecho garantizado por ley y cubierto de manera íntegra por el sistema sanitario público español para todas las mujeres, adolescentes y niñas que lo solicitasen. Si los hombres no nos odiasen, si no nos violasen, si no se quitasen el condón sin consentimiento ni nos coaccionasen de mil maneras diferentes, tal vez podría haber excluido a las adolescentes y a las niñas de mi afirmación anterior. En ningún caso, a las mujeres. Tu cuerpo es tuyo, mujer, y sólo tú (en tus plenas facultades mentales) puedes decidir lo que hacer con ello. Sólo tú deberías ser quien decidiera cómo, cuándo y dónde abortar llegado el caso; sin ser juzgada, sin ser cuestionada, sin encontrar piedras en tu camino. Sólo tú deberías tener la libertad de acudir a consulta de manera totalmente normal y naturalizada y solicitar una IVE. Y recibir, por supuesto, todo lo necesario para llevarla a cabo: información completa y veraz, apoyo psicológico, acompañamiento, baja médica hasta tu completa recuperación, comprensión de tu entorno. Nadie debería cuestionar esto. Mientras esperamos a que llegue el momento, seguiremos luchando.

Más info en:

[Podcast] Entrevista con Sonia Lamas (Espacio Feminista Radical)

[Podcast] Abortar no es llegar y besar el santo (Saldremos Mejores)

[Noticia] El escándalo del hospital público que deniega el aborto de un embarazo inviable pese al riesgo (Hoy por hoy, SER)

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