tolerancia cero

Regala tolerancia cero por Navidad

Aunque parezca mentira porque a estas alturas ya te habrás hartado de escuchar villancicos, comer turrones y ver lucecitas por las calles, aún faltan unos días para que comience oficialmente la Navidad y sabes que, con ella, vendrán las cenas y comidas familiares donde te tocará soportar al “cuñado” Manolo aireando su ideología machista con un par de copas de más y sin que nadie le haya preguntado. Quizás este año, mientras aprietas los puños ante su ristra de eslóganes falaces, confirmes tu sospecha de que lo hace específicamente para provocarte (porque sabe que te molesta) y también un poco para someterte, exhibiendo impunemente su discurso de mierda mientras te mira de reojo para ver si saltas. Exacto, con ese atisbo de sonrisita en la boca que se le dibuja al comprobar que te hiere escuchar semejante basura y, sin embargo, está consiguiendo pasar por encima de ti. Porque, en su cabeza, tu silencio es su victoria, aunque sea únicamente por “tener la fiesta en paz” o “por respeto a [inserte aquí el nombre de cualquier familiar]”. Pero… ¿Y si no tuviera por qué ser así? Te proponemos que en estas fiestas regales tolerancia cero.

¿Separatismo o barbarie?

Existe una corriente del feminismo separatista partidaria de desarrollar comunidades no-mixtas y materialmente apartadas del resto de la sociedad, donde las mujeres puedan desarrollar su vida íntegramente sin tener contacto con hombre alguno. Otras corrientes ven inviable lo anterior en el mundo globalizado e hiper interdependiente en el que vivimos y, por ello, abogan por circunscribir dicho separatismo a las relaciones significativas. Es decir, contemplan la convivencia familiar tradicional, la convivencia académica, laboral, etc. con hombres, pero únicamente establecer relaciones parentales profundas, de lealtad, compañerismo, amistad, solidaridad e incluso afectivas y sexuales exclusivamente con otras mujeres.

Al igual que sucede con el manifiesto SCUM de Valerie Solanas, no es necesario suscribir íntegramente y en su literalidad los planteamientos defendidos por dicha corriente feminista, para que su lectura resulte interesante y profundizar en sus argumentos pueda servir como punto para la reflexión y, quizás también, para la ampliación del horizonte mental de sucesos posibles impuesto por el patriarcado y su herramienta más efectiva: la socialdemocracia capitalista.

¿Separatismo o justicia?

Sin embargo, si este blog se llama Feminismo de la Reconciliación es porque aquí creemos en la posibilidad de acabar con la opresión machista y defendemos avanzar como sociedad hacia el reconocimiento por parte de los hombres del daño causado, el cese incondicional de las conductas violentas y los discursos misóginos en que se sustentan. Creemos, por tanto, en esa búsqueda de perdón que pasa, obviamente y como requisito previo sine qua non, por la consecución de justicia social y la reparación personal e histórica de las víctimas.

La pregunta clave sería, por tanto, ¿Cuáles son los pasos que es necesario dar para poder alcanzar dicha utopía? El debate y la pedagogía son necesarios pero está claro que no son ninguna panacea, las manifestaciones/concentraciones tienen un alcance limitado y no hablemos ya de las batukadas que parecen directamente diseñadas para el postureo. Entonces ¿qué acciones sí podrían llegar a funcionar y dar frutos?

El patriarcado es un sistema piramidal. Y ante este tipo de estructuras de nada sirve actuar sobre la cúspide. Pensemos en las mafias, organizaciones terroristas, etc. Aunque logres hacer caer el líder/capo, simplemente se consigue que otra persona de su confianza ocupe su lugar. El objetivo no es forzar una regeneración/movilidad interna dentro de la jerarquía que rara vez debilita la estructura, sino que (por el contrario) en ocasiones incluso la fortalece (como cuando quien hereda el cargo, resulta ser incluso más astuto y/o sanguinario que el anterior).

Pensemos en un ejemplo mas cercano y práctico: nuestra Ley integral de violencia de género (LIVG). Pese a sus innumerables deficiencias de base (empezando por el concepto violencia “de género” en lugar de violencia machista, como si el género no fuese violencia en sí mismo) y sus importantes limitaciones (como excluir los casos en que no existe una relación afectiva entre el agresor y su víctima, como con Laura Luelmo) a nivel declarativo era una ley “pionera” para su tiempo y podría haber paliado bastante la problemática. ¿Por qué no se ha traducido entonces en una herramienta efectiva para la lucha institucional contra el maltrato y el feminicidio? Porque no ha habido voluntad política de aplicarla. Así de sencillo. Nació siendo papel mojado. Se ha cuestionado su legitimidad incluso después de la sentencia del Tribunal Constitucional ante el recurso interpuesto por el PP. Se la ha saboteado políticamente mediante el vaciado de recursos dedicados a hacerla cumplir y judicialmente se la ha dejado sin efecto gracias a los vacíos que dejó sin cubrir e incluso a prácticas simplemente lamentables por parte de ciertos magistrados españoles, como dar crédito al famoso Síndrome de Alienación Parental (SAP) en los juicios por custodias cuando, sin el reconocimiento por la OMS ni el APA, carece de validez científica alguna.

Aún en un mundo idílico donde los partidos políticos no traicionasen a sus votantes prometiéndoles cosas que no tienen voluntad o están en condiciones de cumplir, ¿Serviría de algo conseguir aprobar la mejor Ley posible contra la violencia machista (enfocada, contundente, transversal, prioritaria y bien financiada) teniendo en cuenta que la transformación real de la mentalidad machista y las dinámicas sociales se produce siempre a medio-largo plazo mientras que la simple alternancia de poder (natural en todo sistema democrático) podría echar todo al traste? Incluso dejando a un lado la peligrosidad de la contrarreacción frontal machista (en España, bien capaz hasta de dar un golpe de Estado) creo que resulta evidente que la solución a la problemática nunca llegará de mano de la vía institucional.

Sobre la tolerancia cero.

Porque la realidad, nos guste más o menos, es que toda problemática se ataca desde la raíz (de ahí la importancia de ser radical) y toda estructura piramidal se ataca desde la base y mediante la acción directa. Y no me refiero necesariamente a atentar de forma violenta contra las estructuras del patriarcado y/o sus perpetuadores más evidentes (lo cual tampoco debería descartarse, llegados al punto en el que estamos), sino a desarrollar una política de rupturismo y tolerancia cero hacia todo aquel hombre que, por obra, palabra, pensamiento u omisión, traspase ciertas líneas rojas. ¿Cuáles serían las tuyas? Honestamente, ¿qué te aportan esos señores? Si reconoces que, aunque no van por ahí pegando ni violando a nadie (que tú sepas), su ideología crea las condiciones necesarias para que otros hombres lo hagan ¿Merece realmente la pena mantener contacto con ellos?

Volviendo, pues, a tu cuñado Manolo: ¿Y si no tuviera porqué ser así? ¿Cómo puedes pretender que suceda algo distinto si sigues haciendo lo mismo? Quizás no puedas hacer nada para que todo violador y asesino machista sea apartado de la sociedad hasta que deje de suponer una amenaza para las mujeres, pero sí puedas negarte a compartir mesa con tipos que dicen que “la violencia no tiene género” y que “a los hombres también nos violan y maltratan”, por ejemplo. Y quizás eso puede suceder esta misma Nochebuena.

Quizás no puedas hacer nada para que se apruebe una ley abolicionista, pero sí por negarte a tener ningún trato de amistad o camaradería con hombre alguno que hable alegremente de porno. Y quizás eso puede suceder esta misma Navidad.

Quizás no puedas dejar tu trabajo rodeado de tipos repugnantemente misóginos, pero sí dejar de tener cualquier trato que no sea estrictamente necesario con aquellos compañeros que se ríen de chistes sobre burundanga o de la desgracia judicial que está sufriendo Juana Rivas. Y quizás eso puede suceder esta misma cena de empresa.

Puede incluso que, aunque no vaya a caer el patriarcado por ello, tú seas más feliz en el mismo momento en que decidas cesar cualquier tipo de cordialidad con tu padre; ese orgulloso votante de Vox que afirma allá donde alguien quiera escucharle (y aunque no) que «las mujeres que abortan deberían ir a la cárcel por asesinas«. Y quizás eso puede suceder esta misma Nochevieja.

Es decir, no se trata de conseguir que dejen de hacer delante de ti las machistadas que hacen a diario. Ni que lleguen al punto de callarse lo que piensan por un mínimo de decoro o por el temor a que los apartes de tu vida. Se trataría de borrar directamente su número de tu agenda porque sabes perfectamente que, con independencia de si lo verbaliza (o no) y si lo demuestra de forma puntual ese día (o no), esa persona hace y/o piensa cosas que implican nulo respeto por las mujeres.

Piénsalo así: ¿Por qué iban esos hombres a replantearse nada hasta que su machismo no tenga unas consecuencias negativas evidentes sobre su vida diaria? Te aseguro que no será hasta que se vean socialmente aislados cuando tendrán la posibilidad de replantearse qué será lo que han hecho tan mal para haber perdido por el camino la relación con tantas mujeres y, algunas de ellas, especialmente relevantes.

La confianza hay que ganársela.

La Ley tiene un principio básico que es que «todo el mundo es inocente hasta que se demuestra lo contrario», pero las relaciones personales no se rigen por la legislación. Las estadísticas dicen que, si te presentasen a un hombre que no conoces de absolutamente nada, existe un 40% de probabilidades de que haya violado a una mujer prostituida al menos una vez en su vida. También podrás saber de él que la probabilidad de que piense que el alcohol es el descandenante de una violación es del 50%. La probabilidad de que opine que forzar a su pareja no es violación será la misma (30%) de que confiese que violaría si hacerlo no fuera a tener consecuencias. Y no es que las nuevas hornadas estén saliendo mejores: El 70% de menores de edad consumen porno de forma habitual, es decir, se excitan contemplando relaciones no deseadas y que, las más de las veces, incluyen contenidos agresivos, humillantes para las mujeres que, inevitablemente, moldearán sus deseos, fantasías, expectativas, etc. ya que la edad a la que acceden a él por primera vez se sitúa entre los 8 y 12 años (¡ocho!). No debería extrañar, por tanto, que el 90% de los universitarios crea que el porno es un fiel reflejo de la sexualidad real o que, en cuatro años, el porcentaje de jóvenes que niega la existencia de la violencia machista se haya duplicado hasta uno de cada cinco.

Con cifras como estas es perfectamente legítimo afirmar que todo hombre es culpable y/o colaborador necesario de la tragedia del terrorismo machista hasta que se demuestra lo contrario. Personalmente, mi experiencia me ha llevado a no poner la mano en el fuego por ninguno. Mantengo cero unidades de relaciones significativas con hombres y, a los pocos con los que tengo trato los tomo con cautela. Cada cuanto (y como quien no quiere la cosa) deslizo alguna frase en la conversación con el único fin de sondear potenciales posicionamientos antifeministas, pero no para debatirlos; sino porque considero que hay ciertas cuestiones que no están sujetas a debate y que quien respalde ciertas posturas no es merecedor de mi compañía (ni de la de nadie).

Porque la confianza no es un derecho: hay que ganársela. Y el que quiera entender tiene infinidad de recursos a su alcance. Además, se nota a leguas cuándo un tipo, al margen de sus creencias de partida, tiene la humildad necesaria para escuchar con interés y cuestionarse su realidad y cuándo carece de ella, le encanta escucharse a sí mismo y únicamente le interesa reafirmarse en sus prejuicios misóginos. Spoiler: la inmensa mayoría de los hombres que yo he tratado en muy diversos ámbitos y círculos sociales carecía de cualquier atisbo de dicha humildad.

Be radical, my friend.

Si ya aplicas esta práctica en tu vida cotidiana, felicidades y que la fuerza te acompañe. Pero si te estas animando a hacerlo por primera vez, debes contar con que sin duda habrá acusaciones de ser “demasiado radicales” y estar “anteponiendo cuestiones ideológicas a la familia” (que es lo más importante y blablablá). No deja de ser curiosa la forma en que habitualmente en las familias se reprende y censura a quien se queja de una injusticia o pone de evidencia la existencia de un problema mientras, tan rara vez, se hace lo mismo con quien comete dicha injusticia y consiente u ocasiona dicho problema.

Reconozco no tener solución para eso. El rupturismo con quien sostiene un ideario dañino implica también, a menudo, la ruptura con otras personas del entorno (generalmente mujeres alienadas a las que ellos utilizan como rehenes y escudos humanos). Se puede intentar razonar. Hacerles ver quién ha generado realmente el enfrentamiento y que por nuestra parte no se les está exigiendo que se posicionen, sino únicamente tratando que entiendan los motivos que nos llevaron a tomar esa decisión. Pero, en última instancia, no hay garantías de lo que puede pasar. Ahora bien, como veíamos al principio, toda transformación social realmente efectiva carece de atajos posibles. Quienes defendemos que esta lacra debe terminar debemos dar un paso al frente y adquirir el nivel de compromiso necesario. Y a veces eso pasa por hacer sacrificios. De lo contrario, ¿Es realmente una manera de luchar por un mundo más justo? ¿O simplemente una forma de lavar nuestra conciencia mediante el autoengaño para poder creer que estamos en el lado correcto?

¿Realmente quieres tener estas navidades en paz? Entonces quizás haya llegado ya el momento de dejar de aguantar todo aquello que, ni quieres, ni tienes por qué soportar. Rompe el pacto de silencio. Entra al trapo a Manolo y sube la voz tanto como él lo hace y un poco más. Échale de tu puta casa si te hincha demasiado el coño. Sí, aunque sea tu hijo/padre/hermano. Sí, aunque hoy sea Año Nuevo y haya venido de otra ciudad y ahora no tenga otro sitio donde comer. Nadie va a morir. El mundo va a seguir girando. O mejor aún: evítate directamente el mal trago informando a ese señor que no está invitado a la mesa (en caso de que dependa de ti) o que vas a abstenerte de asistir si él está presente (cuando no sea el caso). No anticipes en tu cabeza lo calamitoso que va a ser todo si decides hacerlo. Rompe con el tabú de pasar estas fiestas en soledad (si tu única alternativa fuera esa) y el miedo a las consecuencias por romper la tradición y dejar plantados a tus parientes por Reyes. Y luego ya irás actuando según veas cómo van sucediendo las cosas. Igual te sorprendes y en cuanto des el puñetazo en la mesa, alguien recula y te vienen rogando disculpas con el rabo entre las piernas. Porque ese es el verdadero “espíritu de la navidad”: rodearte de las personas con quienes quieres estar porque sabes que te aprecian y, sobretodo, que te RESPETAN como un igual.

Porque sin respeto hacia ti no tiene ningún sentido mantener ningún contacto. Y sin respeto al conjunto de las mujeres no hay respeto posible hacia tu persona. Y, si este año no te ves con la fuerza necesaria, al menos recuerda esto para los siguientes: no tiene por qué ser así.

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