La mujer y la industria del cine

La mujer en la industria del cine

Está a punto de estrenarse la película «Blonde», un retrato sobre la mítica Marilyn Monroe, de cuya muerte se cumplieron 60 años el pasado día 5 de agosto. Siempre habrá quien diga que Ana de Armas no era la actriz ideal para el papel, que la historia tiene hechos inventados o que no necesitábamos un biopic más. Si bien es cierto que las críticas que estamos leyendo nos están quitando las ganas de verla (se habla de desnudos gratuitos y una imagen hipersexualizada del mito de Hollywood), no es menos cierto es que sobre la vida de esta mujer hay algunos documentales muy interesantes, aunque todos estén incompletos, pues el misterio que rodea a esta estrella del cine es enorme. Lo que sabemos ahora es que ella no fue nunca una rubia tonta, como nos la quisieron vender, y que tampoco fue la cara bonita con que decoraban las películas de la época. Fue una mujer inteligente y curiosa, pero maltratada por su familia, sus parejas y la muy misógina industria del cine, dispuesta como siempre a exprimir a las actrices durante el tiempo en que los mandamases del séptimo arte las consideran aptas – léase «cosificables», «sexualizables», adornos bonitos.

Marilyn Monroe no ha sido la única actriz a la que la maquinaria de Hollywood ha hecho papilla, ni es un hecho puntual en la llamada meca del cine. Cientos de mujeres han visto sus carreras moldeadas acorde a los criterios de los hombres a lo largo de la historia, sin importar su talento, sus deseos ni su capacidad de crecimiento en esta profesión. Ellas estaban para adornar, ser la nota visual bonita en historias escritas, dirigidas, interpretadas y producidas por hombres. Historias de hombres que hablaban sobre ellos mismos, sobre sus vidas, sus fantasías, su manera de ver el mundo (real o imaginario), como si en ese mundo no hubiera un 50% de la población con problemas completamente distintos, con particularidades que también merecían ser contadas.

La edad de oro de Hollywood

Marilyn perteneció a una generación de intérpretes que se dio a conocer en la etapa más «glamourosa» del cine norteamericano: la que transcurrió entre los años 20 y los años 60 del pasado siglo, también conocida como «la edad de oro de Hollywood». En aquella época había importantes productoras cinematográficas, cada una tenía sus propios equipos, trabajaba siempre con las mismas actrices y actores y tenía una especie de marca de la casa claramente identificable. Los géneros de las películas se reducían a la comedia, los biopics, los musicales, el cine negro, los western y el cine histórico. Recordamos esa etapa con cariño y visualizamos sus películas asociándolas a recuerdos de nuestras vidas relacionados con la infancia: la peli favorita de mi abuela, la que veíamos en casa cada Navidad, los clásicos del verano, etc. Ahora, con la perspectiva que dan el tiempo y las gafas violetas, analizamos dichas producciones de otro modo y vemos en todas ellas un mismo patrón: escasez de papeles femeninos (a no ser en los musicales, donde siempre había bailarinas y coristas), construcción del guión en torno a una historia de hombres, personajes femeninos creados con el mismo molde.

Sí, sí, por más elegante y maravillosa que te parezca la actriz de turno, con su ropa a medida, su peinado a la moda del momento, su boquilla para el cigarrillo y sus joyas relucientes lo cierto es que interpreta constantemente el mismo personaje: la mujer desvalida y necesitada de protección, la que depende de un señor para triunfar en su profesión (cine musical), se va a casar con él para darle sentido a su vida (comedias), es secuestrada (western) o, directamente, ni siquiera aparece en la trama porque se consideraba que las mujeres no pintaban nada: cine histórico, cine negro. Mujeres dependientes, inseguras, temerosas o, por otro lado, «demasiado» pizpiretas, alocadas y atrevidas, la representación del mal, de las arpías. Se me vienen a la memoria los nombres de Zsa Zsa Gabor, Ava Gardner, Olivia de Havilland, Bette Davis, Lauren Bacall, Audry Hepburn, Ginger Rogers, Shirley MacClaine, Gloria Stuart, Lana Turner, Deborah Kerr o Natalie Wood. Por suerte para nosotras, algunas de aquellas actrices consiguieron salirse de los cánones establecidos y sus personajes (e incluso su propia historia) perviven como referentes feministas, como es el caso de mi querida Katharine Hepburn.

Conocemos las desigualdades salariales, la falta de oportunidades y la reducción de las opciones de papeles femeninos a tan sólo dos: la buena y frágil o la mala y perversa. Conocemos también el machismo que destilaba de los productos audiovisuales de la época (este vídeo es dolorosamente preciso). Lo que no sabemos, todavía, es cuánto de lo que se ve en pantalla ocurría también detrás de la misma: bofetadas, acoso, discusiones, peleas. Teniendo en cuenta el contexto histórico, cultural y socioeconómico de las diferentes décadas (1920 a 1960) no me cabe duda de que todas esas mujeres sufrían violencia machista en sus casas, en los estudios de rodaje y allá por donde fueran. ¿Cuántos de aquellos actores, directores y productores abusaron de ellas?

El movimiento #metoo

Hago un salto temporal para llegar hasta 2017, cuando el movimiento #metoo se hizo viral y empezó a salir a la luz toda la basura que los señores cineastas habían barrido debajo de la alfombra roja. Se rescataron nombres de actrices «olvidadas», mujeres a las que habíamos visto en pantalla, que interpretaban maravillosamente bien, que tenían por delante una carrera muy prometedora y de las que no habíamos vuelto a saber más… hasta llegar al punto de haberlas olvidado. Y todo porque no se sometieron a los requerimientos sexuales de Harvey el violador. Nombres como Rose McGowan («Embrujadas») o Claire Forlani («¿Conoces a Joe Black?»), quien asegura haberse librado de este señoro hasta en cinco ocasiones, no sin perjuicio para su desarrollo laboral. Y cuando digo «el violador» no me refiero solamente a Harvey Weinstein. Aquí incluyo a otros violadores que arruinaron la carrera profesional de tantas y tantas actrices o, cuando menos, alteraron su recorrido.

Algunas intérpretes son víctimas de estos depredadores, se sometieron (por el motivo que sea, eso da igual; ellas son víctimas) y han tenido que vivir con ello, continuar con sus trabajos, sus vidas, como si nada nunca hubiera pasado. Son los casos de Asia Argento («XXX»), Ashley Judd («El coleccionista de amantes»), Mira Sorvino («Romy y Michelle»), Uma Thurman («Kill Bill»), Daryl Hannah («Sense8»), Sarah Polley («La vida secreta de las palabras»), Anna Paquin («X men»), Debra Messing («Will & Grace»),  Annabella Sciorra («Los Soprano»), Natalie Portman («Cisne negro»), o Jodie Foster («La habitación del pánico») por citar sólo algunos nombres.

Fue precisamente una de esas actrices quien convirtió en viral el hashtag #metoo en la red social Twitter – Alyssa Milano («Embrujadas») es actriz, productora y activista y decidió ser un altavoz para quienes no habían dado aún un paso adelante. La campaña #metoo, sin embargo, no era nueva: su origen data de 2006, cuando la activista Tarana Burke, conocedora de la violencia sexual que sufren tantas y tantas mujeres, comenzó a utilizar la frase «Me too» (yo también) para dar visibilidad a esta situación. Su charla Ted resume muy bien su sentir al respecto y en su libro «Unbound» desarrolla su propia historia de abusos sexuales, así como el nacimiento de este movimiento tan (lamentablemente) popular hoy en día.

Antes del #metoo

Pero antes de Alyssa, de Tarana, de Twitter, antes de todo esto las mujeres en el cine ya sufrían violencia sexual, discriminación laboral y todo tipo de malos tratos sólo por ser mujeres. Uno de los casos más sonados y tristes de las últimas décadas del siglo pasado es el de Maria Schneider, la protagonista de «El último tango en París» que fue violada durante el rodaje de la película «para darle más credibilidad a la escena». Ella tuvo una carrera irregular y arrastró su trauma de por vida (tenía 19 años entonces), mientras que el actor y el director escalaban posiciones en su ascenso a la fama. Maria falleció en 2011, a los 58 años, víctima de un cáncer. Es una pena que su nombre haya quedado para siempre vinculado a tan infames señores.

Mujeres de todos los países se han sentido sexualizadas cuando han iniciado sus carreras como actrices, especialmente las más jóvenes. Esto es algo que ocurre todavía a día de hoy: siguen siendo floreros decorativos, interpretando papeles demasiado mayores para su edad real (en los que son cosificadas sin ningún pudor por parte de los creadores de cine y consumidas con avidez por parte de los espectadores de tales cintas) hasta que cumplen la treintena, momento en el que son retiradas de las pantallas por considerarlas demasiado «viejas», independientemente de que sus compañeros de reparto les lleguen incluso a doblar la edad. Algunas actrices reaparecen décadas después, sólo para hacer papeles de madres y/o abuelas, llegando a los extremos ridículamente absurdos en que una actriz interpreta el papel de madre de un actor de su misma generación.

La industria del cine en España

El famoso hashtag me devolvió la esperanza de que se empezase a hablar del machismo que (también) reina en el cine español. Es más que evidente que esta industria es, como ya dijo Leticia Dolera en los premios Feroz de 2018, «un campo de nabos». Hago un inciso aquí para decirte que no he encontrado ningún vídeo donde se pueda ver el discurso completo de la Dolera: la parte en la que menciona los nabos ha sido eliminada de youtube; es una lástima porque yo lo vi en su día y fue maravilloso escucharla. En fin, las cositas del patriarcado.

Como decía, confiaba en que ellas alzasen su voz y destapasen a los Harvey Weinstein españoles, que levantasen las alfombras para sacar toda la mierda que hay escondida debajo, que rompieran con décadas de silencio y compartiesen con nosotras los nombres de pederastas, violadores y maltratadores que, sabemos, forman parte del negocio. Pero no ha sido así. La misma Dolera hizo apenas declaraciones, sin dar nombres, sin señalar a nadie. Comprendo que se trata de un mercado mucho más pequeño que el norteamericano y que se pueden ver sin trabajo y sin futuro el día que decidan hablar. No obstante, lanzo desde aquí el mensaje a todas las artistas del cine español para que unan fuerzas y planten cara: señoras, no necesitamos a los hombres para crear. Vosotras también podéis ser creadoras de vuestras propias historias, las nuestras, las de las mujeres. Vosotras también podéis formar parte de la cultura que nos llega para que, poco a poco, quienes ya hemos decidido dejar de ver cine machista tengamos más opciones para elegir.

No quiero terminar este texto sin mencionar que hay grandes nombres de mujeres en el cine no sólo delante sino detrás de las cámaras. Grandes, pero pocas, menos que ellos. Menos reconocidas, nombradas, premiadas… Ya sabemos que en los campos de nabos del mundo basta con tener una mujer para representarlas a todas, como si no hubiéramos avanzado nada desde la Pitufina. Espero y deseo que todo esto vaya cambiando y las próximas generaciones de mujeres sí se vean representadas en la gran pantalla como merecen. A ti que me lees te invito a comprobar quién hay detrás de las cámaras antes de comprar tu entrada de cine o de pulsar play. Todo suma.

 


Más información sobre machismo en el cine:

[Aviso: algunos enlaces citados en esta entrada del blog están en inglés. Si necesitas ayuda para leerlos, por favor contáctanos por email.]

Documental italiano: El cuerpo de las mujeres.

Documentales sobre Marilyn Monroe.

Mención al #metoo en los premios SAG de 2018.

La actriz Asia Argento recopiló más de 100 nombres de mujeres abusadas por Harvey Weinstein.

Repercusión del #metoo en el primer festival de Cannes tras hacerse viral el hashtag.

Testimonios de diferentes actrices de Hollywood acerca de Harvey Weinstein.

El machismo en los musicales del cine clásico.

La estrella de «Top Gun» no aparece en la secuela porque «no aparenta la edad que tiene».

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La mujer en la industria musical.

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